jueves, 19 de abril de 2012

A Thousand Kisses 4 U

coherencia.
(Del lat. cohaerentĭa).
1. f. Conexión, relación o unión de unas cosas con otras.
2. f. Actitud lógica y consecuente con una posición anterior. 
3. f. Fís. cohesión (‖ unión entre moléculas).
 4. f. Ling. Estado de un sistema lingüístico o de un texto cuando sus componentes aparecen en conjuntos solidarios. 

jueves, 12 de abril de 2012

Go ahead

You didn't like me, I didn't like you so, how it takes so long?
What I really need is to be away from you.. just right now.
All I have in mind is take you off and let you down... deep inside... rolling deeping inside.
You gave me certain taste for apathics foreigners singers.
You might take you a look in a mirror before come here and say nothing.
I'm not going to bribing you with promises of the beauty of these days.
Go ahead, judge me now... interact me with your fake permission and rusty love-shaped words.
Life sentenced us to a billions years ago from each other...
I'm just searchig the button to reject you from world that's fallingt apart.



jueves, 29 de marzo de 2012

Green


Cuando abrí la puerta, la sonrisa de Verde me deslumbró desde el otro lado.
—¿Me recuerdas? —dijo.
—Vagamente…
Sin esperar mi invitación, cruzó el umbral y entró. Al pasar junto a mí, una delicada atmosfera de lavanda me roció y una leve punzada de recuerdo me alcanzó de lleno.
Conocía a Verde desde hacía mucho. En otra vida, en otro cruce, en otro universo, habríamos tenido una oportunidad, en esta partida las cartas venían marcadas y nos limitamos a acostarnos por un par de abrazos que sanaran heridas.
—Ha pasado mucho tiempo —dijo quitándose el abrigo.
—No lo recuerdo —me defendí.
Hizo un breve mohín y revisó la habitación con sus ojos de jade. Al hacerlo sus cejas se alzaron y algo parecido a un signo de interrogación se formo en su frente.
—Así que… ¿este es el lugar donde te refugias cuando huyes de todo? Me ha costado dar contigo.
Me encogí de hombros y le ofrecí un trago. No estaba demasiado seguro de saber dónde estaba el mini-bar pero por alguna razón, tenía la certeza de que había uno en aquella habitación.
Nos sentamos en la terraza. Anochecía y una débil bruma desfilaba en dirección al puerto. Las farolas brillaban débilmente y en unión con la niebla, creaban una atmósfera nebulosa. Tenue. Como la textura de las capas de una cebolla.
—¿Te importa si enciendo un cigarrillo? Alguien me ha dicho que te has vuelto un tanto talibán con esto del tabaco —pregunto. Y me pareció que mi respuesta no tendría importancia, así que me encogí de hombros.
Sacó un paquete de Marlboro del fondo de su bolso y encendió un cigarrillo. Una columna de humo azulado se elevó en dirección al techo. 
Fuera, la noche se deslizaba ágil tras los cristales.  
—¿Y para qué me has estado buscando? —pregunté.
—Es lo que siempre me pregunto a mí misma —respondió ahogando una sonrisa en sus labios—. Creo —continuó sacudiendo la ceniza del cigarrillo—, que es porque eres un borde incluso follando.
—No entiendo.
—Los tíos sólo se acuestan con mujeres por una razón. Las mujeres por muchas. Eso es una de las características que mejor nos diferencian. Pero tú, eres capaz de hacerlo incluso porque estás cabreado. Eso te convierte en un valor intermedio.
—Una lesbiana…
—Algo así.
Me quedé mirando el oscuro cielo. Las estrellas parpadeaban como luces de un club de carretera.
—Es el halago más raro que jamás me han hecho —dije—. Porque… ¿Era un halago? ¿No?
Sonrió y me besó.
Bocas, dedos, dientes, manos, caderas, genitales, lenguas, cabello… piel.
Cuando la premura de las sábanas cedió nos quedamos los dos mirando el techo. Una grieta desfilaba por su superficie lechosa, resquebrajando ligeramente la escayola.
Por pura inercia besé su hombro desnudo y algo parecido a la tristeza brilló en sus ojos. También yo, con los ojos clavados en la grieta que se extendía sobre mi cabeza me sentí de repente invadido por una ligera ansiedad.
Como un sudario, aquel sentimiento se deslizó sobre mí. Me aferro de las muñecas y me mordió en el pecho. Saltó, como un pájaro herido por mi estómago y se metió en mis tripas.
¿Aquello era todo cuanto me esperaba? Eché de menos el saberme amando y conjugar el futuro en segunda persona. Anhelé brazos y piernas, y dedos y oídos de alguien a quien querer. Y hubiera llorado si mi antipatía no hubiera andado lista y hubiera echado a Verde de mi cama. A regañadientes, fingiendo sentirse ofendida la acompañé hasta el peaje de aquel mundo y la mandé de regreso al mundo real.
De regreso a la quietud de la habitación, la oscuridad invadía todo. Una oscuridad pegajosa, mezquina y abocada a devorar todo, se deslizaba por las paredes de aquel lugar, como un velo invisible de miedo. Salí a la terraza y tomé aire. Como uno de esos engranajes que se oxidan, algo había saltado en pedazos dentro de mí y las esquirlas de metal se habían clavado en el pozo de mi ser con fuerza. Regresé dentro y me vestí deprisa.

martes, 27 de marzo de 2012

Test Idealista para una Revolución Surrealista


1) ¿Qué sería para Ud. ser feliz?
No creo en la felicidad como un continuo. Eso sería como creer en unicornios o en la existencia del alma.  Sino que más bien lo veo como la suma de momentos felices. Un té un día frío, una terraza con amigos, reirme, el amor… esas cosas tan cursis y tan mal vistas estos días. La felicidad está hecha de "ahoras" y es cíclica. 

2) ¿Por qué escribe?
Escribo porque es un modo cómodo de contar algo. Desde luego más sencillo que un grupo de rock, que es lo que hice antes de esto. Y resulta mucho menos frustrante y barato que un psiquiatra. Perdone por el tópico pero es cierto.

3) ¿Tiene algún sueño recurrente?
No. Pero tengo sueños con personas recurrentes.

4) ¿Escribe luego existe, o existe porque escribe?
Escribo lo que soy, lo contrario además de pretencioso sería falso.

5) ¿Cómo fue su primer amor?
No correspondido, como deben ser todos los primeros amores. Si no, acabas creyendo que el amor es como lo cuentan.

6) ¿Qué olor le remonta a su niñez?
Un cuarto lleno de manzanas.

7) ¿Qué le parece irresistible en el sexo opuesto?
La inteligencia, la actitud y los ojos rasgados.

8) ¿Cual es su principal influencia literaria?
Murakami, Tolstoi, Borges, Cortázar… ¡Hay tantos! Pero también la música. Escribir requiere de un ritmo, un tempo propio. Así que Coltrane, Davis o Bach también tienen parte de la culpa.

9) ¿Puede resistirse a una puerta cerrada?
¡No!Las puertas, como las bocas o las farmacias los domingos, cerradas son una cosa horrorosa.

10) Acaban de crear una máquina del tiempo, ¿a qué personaje histórico le gustaría conocer y que sería lo primero que le diría?
No tengo ninguna intención de desplazarme en el tiempo en ninguna otra dirección, ni velocidad, que no sea en las que me desplazo actualmente.

11) ¿Con qué personaje de ficción tendría un romance?
Con ninguno. Un personaje de ficción solo podría tener un romance ficticio y para eso ya está el matrimonio.

12) ¿Cuál considera que es su peor virtud y su mejor defecto?
No sé si es la peor, pero la honestidad me da un montón de problemas. Y en cuanto a mi mejor defecto creo que  me ha costado mucho adquirir cada uno de ellos como para despreciar ninguno enumerándolo.

13) ¿Qué podría sumirle en la más profunda miseria?
Perder el sentido del humor o la capacidad de ilusionarme.

14) ¿Qué ve, cuando se mira al espejo?
Alguien que me gusta a pesar de todo.

15) ¿Como le gustaría morir?
No me gustaría morir. Creo que la muerte es una gran putada. Y a pesar de que la eternidad suena a algo muy aburrido, no me importaría alargar el asunto lo máximo posible. Aunque hace años no le habría respondido lo mismo... Se podría decir que estoy en plena luna de miel con la vida desde hace unos pocos años. 

16) ¿Por qué deberíamos creer que ha vivido? 
Cuando considere que “he vivido” le contestaré. De momento sigo en ello.


17) Piense en la persona que ama. ¿Qué le diría ahora mismo?
Ojalá pudieras verte como yo te veo. Ojalá mis ojos te sirviesen de guía. Ojalá te quedarás lo suficientemente cerca como para dejar de quererte y comenzar a amarte. Ojalá los años fueran, también para ti, un suspiro (...) ¿me ha quedado muy cursi?  


18) ¿Se despierta con alguna canción en la cabeza habitualmente? 
¡Sí! Hoy, por ejemplo me desperté tarareando London Calling de The Clash.¡Y hace siglos que no la escucho!


19) ¿Qué libro hay en la mesilla de su habitación ahora mismo?
Hay dos. Guerra y Paz y El Libro de los Universos. 


20) ¿Cuándo ha sido la última vez que lloró? 
Anoche, viendo La Voz Dormida en DVD. Es una película arrebatadora e intensa que te crea un nudo en el estómago que te dura horas.  

Rachel: Gracias por responder.
Yo: Gracias a ti por preguntar.   

lunes, 26 de marzo de 2012

That day

Había una especie de nudo en el estómago, una imperceptible pero sólida sensación de ruptura aquella tarde. Cómo si el mundo se hubiese salido de su eje. Tú llevabas unos vaqueros viejos y zapatos con puntera, yo camisa de franela y zapatillas. Hiciste una foto de nuestros pies, la única donde salimos juntos, donde se ve un agujero en el asfalto y nuestros cuerpos están tan lejos que se tocan. El sol se ponía allá abajo y los árboles se mecían como sumidos en un sopor primaveral que no nos resultaba del todo ajeno. Estabas envuelta en aquella vieja manta; y yo cruzaba las piernas por no irme hacia ti. Me mojaba las ganas de morderte y dejaba gotear el deseo en forma de tópicos manidos
"Te echaré tanto de menos" "Piensa un poco en mí"
Recuerdo aquella canción sonando en el CD del coche, los segundos deslizándose demasiado deprisa y un ligero olor a alcohol que emanaba de tu boca; una boca que me moría de ganas de besar. Teníamos tanto que decirnos y callábamos tanto. 

sábado, 24 de marzo de 2012

Cronos

Nota: (Añadir al texto la overtura de La Gazza Ladra de Rossini)

Los tubos de neón, como ascuas gaseosas, brillaban sobre mi cabeza. De vez en cuando algo de música decente se escapaba de los altavoces del techo y Miles Davis entonaba un canto de vida en aquel lugar dejado de la mano del dios de las fusas y semifusas. Entonces, yo dejaba por un segundo la fingida pose de capullo pretencioso y tamborileaba los dedos sobre la madera, sin olvidar dar las gracias con un guiño al disc-jockey que me regalaba aquel tibio y terso placer. De nuevo en el Café Brunelleschi me sentía solo frente a la multitud que se arremolinaba en la barra. Vicky, de negro de los pies a la cabeza, iba y venía cerveza en mano. Sonreía y servía copas mientras los ojos de los parroquianos se deleitaban en el delicioso ángulo de sus caderas al caminar. La miré con calma. Deteniendo mis parpados bajo el gastado perfil de sus mejillas. Meditando cada poro de su piel de luna en instantes vacuos de infinita eternidad carnal. Hubo un tiempo, en que me habría instalado en la deliciosa curva de sus hombros para siempre. ¡Sí! ¡Juro que lo hubo!  Ahora, a años luz de lo inocentes que fuimos, sus dedos, cuajados de bisutería barata, lanzaban débiles destellos plateados y como hechizos en forma de alhajas de saldo, brillaban haciendo palidecer soles en el infinito desierto de sus ojos rasgados. Y yo me habría dejado llevar hasta la línea de sus cejas por una simple promesa de su boca.
Me revolví en el taburete. La luna nueva danzaba detrás de la cristalera. No necesitaba verla para saber que seguía ahí, orbitando alrededor de aquella roca sobre la que me dejaba llevar a través del espacio. Desde que la dulce y pequeña Vicky había regresado a la ciudad de los sueños, aquel cielo era un manto de pequeñas perlas engarzadas en la oscuridad de un vacio atronador. Un oasis en el que dejar de meditar las palabras que decir. ¡Oh, sí! La inocente Vicky Vegas convertida en mujer fatal para deleite de mis sueños. Los labios de miel y muslos como gelatina de carne de ángel. ¿Cómo olvidar su boca entreabierta y sus manos enroscadas en mi nuca? ¿Cómo ignorar las promesas que nunca nos hicimos y los halagos que amartillamos con sexo precipitado y torpe? ¿Cómo obviar su almibarada manera de decir que no al tren que ya pasó? ¿Sería acaso posible tamaña desfachatez?
—Piensas demasiado en el pasado—dijo el tipo del sombrero rojo a mi derecha.
Asentí con vehemencia.
—Somos sólo pasado bien mirado —me defendí.
—¡Náh! Ni siquiera se nos permite ese pequeño placer. Somos menos que eso. Menos, incluso, que la cagarruta de un ratón… Somos el polvo cósmico de algún dios encabronado. Por eso tenemos noción del tiempo. Para saber lo jodidos que estamos esperando. Siempre esperando que el tiempo pase.
Olía a desinfectante y el sudor perlaba su frente con un reflejo dorado. Aún así me caía bien. Había algo de mí en sus ojos diminutos.
Le invité a un trago y brindamos por el paso del tiempo. ¿Qué sería de nosotros sin eso?
Desde el otro lado de la barra Vicky nos sonrió y se sirvió dos dedos de Martini.
Nos tomamos varias más brindando por Cronos y su dorado carruaje. Mirando el ambarino líquido en el vaso recordé aquel poema:

Spude dich, Kronos!
Fort den rasselnden Trott!
Bergab gleitet der Weg;
Ekles Schwindeln zögert
Mir vor die Stirne dein Haudern.
Frisch den holpernden
Stock, Wurzeln, Steine den Trott
Rasch ins Leben hinein!

¿Era Goethe? ¿Qué más daba? Necesitaba ir al baño con urgencia. Me despedí del tipo del sombrero rojo palmeando su espalda.
De camino, sorteando la multitud que se retorcía bajo los ampulosos focos, creo que alguien me ofreció un buen precio por una mamada rápida y una chica comento algo del color de mis ojos y las hojas de marihuana. Me daba lo mismo. Yo me contentaba con orinar y después tomar un poco de aire fresco en el porche del local. Había olvidado lo relativo que todo es cuando estás borracho y como echar una meada puede ser tan capital como el tema más fundamental en tu vida. No había urinarios de pie, así que empujé la puerta de una de las cabinas y entré. Me apoyé en las baldosas y me dejé llevar. Me entretuve contemplando el obsceno mural de pintadas que adornaba las paredes y pensé si merecía la pena llamar a una tal Elisa a la que, al parecer, le gustaba por detrás. Lo desestime.  Después, me subí la bragueta y antes de tirar de la cadena, mirando el interior de la taza de porcelana, recordé la harmónica de Slothrop (un guiño literario que no todos entenderán). Me reí con ganas al hacerlo. Dejé atrás a Pynchon y salí. Fuera, el estruendo de la música me sacudió  una bofetada y un par de tipos competían por los favores de alguna dama apoyados en el marco del baño.Tocaba historia aquella noche y aún no sabía cómo comenzar.