domingo, 31 de mayo de 2009
De Una Mañana de Domingo
Grupos de turistas, mochila a la espalda, pantalón corto y la mirada perdida de la fachada de la iglesia, deambulan como recien llegados a un planeta ajeno. Miran a través de las lentes de sus cámaras reflex y sus mapas convenientemente plegados y el eco, dulzón y adormilado, de sus zapatillas de deporte resuena por encima de los charcos de agua dejados por el camión encargado de regar las calles.
Bandadas de palomas que sobrevuelan las torres de la catedral enfilan las calles como si desde allí arriba un ordenado cuadrante de calles y callejuelas les conminara a seguir una ruta trazada. Su sombra aletea sobre las cabezas y desparrama olores ocres.
El sonido de un televisor se cuela desde la ventana del primer piso. Se mezcla con los cantos de los gitanos de la plaza y forma una amalgama almibarada y extraña.
Yo, libreta en mano, trato de ordenar las ideas para futuras historias que se agolpan en mi cabeza y que cómo el vapor de una olla a presión silban sobre el papel. De vez en cuando, te cuelas en mí y con imagenes fluorescentes que orbitan el cielo azul cobalto te pienso con más mesura de lo habitual.
Como quien aleja un insecto de un manotazo, te olvido unos instantes y Leonard Cohen vuelve a mis oidos y el mundo a girar sin nosotros como idea tangible. Pero en menos de lo que tardo en consumir un Winston, breves destellos de ti regresan a mí y para anestesiarlos vuelvo a enfrascarme en la pequeña libreta.
De regreso a casa, compro el periódico, y me tomo un té en el viejo quiosco. Flirteo con la idea de llamarte y la rechazo casi al instante... quizá en otro momento. Quizá mañana...
sábado, 30 de mayo de 2009
GPS Emocional

Un par de millas más allá de la linea de flotación del vacío.
Tan sólo un par de frases por encima del dulce olvido.
Sí, sólo un poco más lejos de las ciudades dormidas y los ángeles insomnes.
Una tregua momentanea de la amarga decisión.
Sólo un par de manzanas para morder y picar de nuevo.
Mierda de angustia existencial.
¿Por qué habré contestado?
Y yo qué sé... será que todavía la quieres. Córtate el pelo y búscate un trabajo....
viernes, 29 de mayo de 2009
Al Amor deTiempos Pretéritos
Estuve recordando el tiempo que compartimos. Si, estuve recordando, y eso siempre es un mal negocio, la memoria es una pésima consejera, como un filtro licua los recuerdos, y nos deja ver solo la porción de ellos que quiere. Nos observa desde las sombras, agazapada como un animal, en espera de que mostremos la menor de nuestras debilidades paras saltar sobre nosotros. Y yo, que de debilidades se mucho, me perdí en tu recuerdo. Me colé en ese espacio de tiempo que conservo tal y como lo dejaste, (por si algún día se te ocurre volver) y me perdí entre tu risa de camionera, y tu llanto de niña consentida. Entre tus ojos de gata, y tus manos que me devolvieron la vida, entre tu miedo, y mi orgullo, entre tu vientre de pan, y mis dedos a la deriva.
Estuve vagando durante un buen rato. Arrullado por la melodía de tus días compartidos, mecido por el canto de las horas que se fueron en aquella cama, adormilado por la droga que inyectaste en mis venas.
Seria muy tonto por mi parte decirte a estas alturas que fuiste casi todo para mi, que no hubo espinas como las que me diste, que no conoceré jamás el dolor que prendiste en mi vida. Ese dolor que tanto anhelo en noches como éstas, en noches en que dejo que la memoria me atrape, y juego con ella a ser el cazador cazado. Ese dolor que quiero mantener en mi alma, ese alma que me enseñaste a usar. Ese dolor que me enseño a estar vivo. Ese dolor que tan bien se te da imponer... ese dolor que me regalaste.
¿Pero tú como estás?. Como siempre me cegó este enorme ego, y olvide que tienes una vida lejos de la mía, olvide que seguiste adelante.
Espero que encuentres el ansia, y la voluntad necesarias para seguir soñando. Que los deseos, que espero sigan anidando en ti, se conviertan en necesidades, y encuentres esa paz que dijiste perseguías cuando te alejaste de mi guerra. Que la vida te trate tan bien como tú a ella. Que jamás te derroten sin lucha. Que alguien, algún día te haga sentir lo mismo que yo sentí.
Ha sido hermoso recordarte viejo amor. Ha sido bonito compartir unos minutos contigo. Te deseo lo mejor.
miércoles, 27 de mayo de 2009
Esta Vieja Tristeza

Esta vieja tristeza que tan bien me sienta,
Esta aura, casi mágica, de niño desvalido,
estos yermos intentos que suman cuarenta,
esta navaja afilada, este tiempo tan vivido.
Estas pastillas tan rojas que abren senderos,
que retienen pasiones y van secando canales,
Este anhelo mojado que se derrama en canteros,
se desborda de mi, cerrado tras los ventanales.
Estas lagrimas de mar que saben a despedida,
Esta ausencia tuya, este reloj que huele a muerte,
y que pende del techo pronosticando mi partida.
Esta antigua adicción mía, este deseo de perderte.
lunes, 25 de mayo de 2009
JADE (permiso para recordar)
La autopista, como un espacio atemporal y sumiso se resquebraja bajo los neumáticos. Se comba, se estira y fluye como un rio elástico y en calma. Tú conduces mientras el sol huye por la ventanilla trasera, mientras cansado recorre el eje invisible de su parcialidad. Y el cielo cambia de color, del azul cobalto, a la más profunda oscuridad, y se divide en franjas que segmentan el azul en una infinidad de otros azules. Más oscuros y acerados. 
Cuando dejas atrás el peaje, la luna sonríe en el este y tú recorres un tramo de autovía y después un camino de callejuelas y aceras estrechas, por donde circulan, insomnes como ballenas varadas, peatones que no saben de ti, que te ignoran tras un breve conato de interés para regresar a sus vidas instantes después. Y la voz de ella en el teléfono móvil te guía y sigue siendo lejana, como si la línea se extendiese hasta otro mundo, otra vida. Pero la imaginas, la sientes fluir bajo tus zapatos, sientes como tuyo el peso indoloro de sus pasos, de sus mañanas, de sus tardes anaranjadas, de esa otra vida desde la que ahora te habla atropelladamente. Y la imaginas, subiendo esa cuesta que desemboca en otra cuesta, y doblando esa esquina que acaba, irremediablemente, en otra esquina, con los zapatos de tacón resonando entre nubes de perfume. La imaginas consultando el reloj, camino de su vida pacífica y llena de planicies hasta que os cruzasteis, el uno con el otro, el uno contra el otro. La imaginas, hasta que la ves. Tal y como imaginabas. Tal y como ella siempre mantuvo. Serena, dulce, tan guapa que tienes que mirarla dos veces.
Dos besos, un té con jazmín y una copa de vino después vuelves a mirarla mientras habla. Sentados en el sofá. Los gestos, la infinita quietud de sus ojos cuando te mira, el olor, vaporoso y almibarado que desprende, todo te embriaga. Te hace sentir lejos, tan lejos que temes rozarle, por miedo a que se desvanezca. Mientras la luna se alza en el cielo, seguís hablando, sin tocaros, sin medida, sin trucos. Pero dosificáis los halagos, racionáis el deseo, contenéis el ansia con dosis de chocolate y el juego continua.
Después, en esa terraza que ya has imaginado, la luna juega a ser esquiva tras las nubes y el viento ulula sobre tu cabeza. Ella, apoyada en el marco de la puerta habla, acerca de sus miedos, te da razón de su vida, ordenada y pacíficamente, tanto que, el deseo se confunde de carril y arremete maleducado cuando la acercas a ti, asida por las caderas, y ella juguetea nerviosa con un viejo tendedero de ropa roto.
De nuevo en el sofá, el uno junto al otro, el uno contra el otro, una canción abre las puertas a la indecorosa necesidad de tocarle, y descalza baila junto a ti. Acercas tu cabeza a su hombro, su mano en tu nuca, y hueles. Más allá del personaje que ha decidió interpretar para ti, hueles lo que en realidad es. Y ese olor te acompañará el resto de tu vida. Lo sabes, ahora y siempre, de la misma manera que sabes que la besarás y te besará, con suaves, delicados retazos de labios, de bocas entreabiertas, de manos urgentes recorriendo la espalda, de dedos apretando sus hombros, de lenguas saboreando otra lengua, más suave, más acaramelada, con el regusto a vino y deseo agolpados en el paladar. Con el inquieto sabor de la rendición en los dos. Con la delicada tersura de las cerezas amartillada en la garganta.
La luna, decidida ahora a mostrar su
condición de cómplice, se desliza por su espalda, el tiempo es un axioma aburrido e inexacto, y contra el cristal de la ventana, la desnudas. La besas, la lames, la muerdes, la necesitas. Y ella se deja llevar, se retuerce bajo tus caricias, que son, siempre lo han querido ser y nunca lo han sido tanto como esa noche, disparos certeros, armas de destrucción masiva, pequeñas y fugaces ganas de doler. De atravesarse en la garganta, de clavarse en la espina dorsal, de morir matando.
Cuando te arrodillas, el horizonte ante tus ojos es ahora una pulposa y carnal frontera que separa la realidad del guión estudiado, lo correcto de lo acertadamente erróneo, lo racional de lo perseguido. Y tiene la forma exacta de tus necesidades, la anchura justa por donde penetrar y dinamitar la muralla que delimita lo que eres de lo que ella te hace sentir. Y su sexo, preñado de luna, se abre ante ti como el vértice de una realidad construida a medida.
sábado, 23 de mayo de 2009
No Volveré a Ser Joven
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.
Jaime Gil de Biedma
viernes, 22 de mayo de 2009
Yo Quiero Vivir en un Anuncio de Televisión
Yo quiero vivir en un anuncio de televisión, y tener una familia perfecta. Desayunar en una cocina inmaculada, y reírme de buena mañana, luciendo mi mejor cara después de no haber dormido, sino descansado. Tomarme un millón de bichitos en una botellita que cuiden mi flora intestinal. No tener hipotecas, ni facturas, ni tan siquiera tener que comer cada día. Para decirle a mi jefe por donde se puede meter mi trabajo.
Tener un coche que no comenzaré a pagar hasta septiembre con un montón de siglas que no sabré para que sirven pero que me hacen sentir muy seguro y conducir por calles vacías mientras suena música de ascensor, y al regresar del trabajo aparcar en la puerta de mi casa.
Tener un perro al que le guste la nieve y el frío, y salir al atardecer a pasear por el campo con él. Constiparme y tomar uno de esos analgésicos que todo lo curan y que hacen que te encuentres con la mujer de tu vida a la vuelta de la esquina.
Yo quiero vivir en un anuncio de televisión y, que me atienda uno de esos tipos que siempre sonríen cuando te ven entrar al banco. Dejarme aconsejar e invertir en bonos del tesoro para tener mucho dinero y jubilarme en un adosado junto al mar.
Cambiar de desodorante y conocer chicas gordas de la talla treinta y cuatro, que usan antiarrugas a los treinta, decididas, listas, y siempre dispuestas.
Ser extra en un anuncio de colonia, decir coletillas graciosas, lavar más blanco que mi vecina, sentir la chispa de la vida. Coleccionar dedales del mundo, y usar compresas con alas.
Yo quiero vivir en un anuncio de televisión, y no ser viejo jamás.